Aunque el Titanic se quede ahí…

La semana pasada escuche en un medio de comunicación, a alguien que tomó como ejemplo al Titanic y a la terquedad de su capitán, refiriéndose a lo terrible que es el ignorar las advertencias y señales de algo que no va bien e insistir en aquello.

Pero esa historia no es algo de lo que únicamente los capitanes de grandes embarcaciones pueden aprender, puesto que de alguna forma, todos estamos dirigiéndo o comandando algo. Hombres y mujeres, solteros o casados, estamos todos frente a responsabilidades y a decisiones cada día y siempre hay dos maneras de hacer las cosas, a nuestra forma o a la de Dios.

Cuanto hay que pedirle a Dios que nos permita correr a El para decidir, para entender y para no ignorar aquello que no está bien y persistir en el error.

Siguiendo con el ejemplo del Titanic, mucho hemos oído además de la arrogancia del capitán, de todas las advertencias que él ignoro al navegar a todo vapor aquella noche y en una zona de tanto hielo en el mar. Cuanto se podría decir y es que tampoco se le puede culpar de todo al capitán, porque aunque era el mas importante y el de última responsabilidad, hubieron muchos que también ignoraron y se confiaron de la situación.

Desde muy pequeña, supongo que desde cuando mi abuela me contó de esta embarcación (mucho antes de que salga la película de Hollywood), tuve facinación por la historia y me preguntaba porque no se podía rescatar esa nave destrozada en partes que yacía en el fondo del mar y hacer algo con ella, en ese tiempo, creo que nadie me dio una respuesta, pero ahora despues de haber leído algunas cosas y con el paso del tiempo, entendí que los expertos y rescatistas no ven valor alguno en sacar algo tan destruído a la superficie y han decido que el Titanic silencioso y devastado que se destruye con el tiempo y el agua, se quede ahí…

Que bueno que no todo es así en la vida, que bueno que hay cosas que aunque se destruyen se pueden volver a reconstruir, que bueno que hay tanto de lo que podemos aprender de la vieja historia del Titanic y que bueno que Dios hace todo nuevo, en Su tiempo y con propósitos perfectos.

Personalmente creo que es una buena historia para aprender, sin juzgar. Es interesante ver como las cualidades humanas de esa historia existen en nosotros hoy en día pero cuanta esperanza podemos tener al levantar nuestros ojos y ver que Dios es el Dios de las oportunidades, de la restauración, de la misericordia, de la gracia, del perdón.

“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia, reconócelo en todos tu caminos, y El enderazará tus veredas” – Probervios 3:5-6

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